El vuelo de ida casi me mata de un susto. Casi.

Llegamos a Manta en la noche del lunes. Unos amigos de mi familia nos recogieron en el aeropuerto. Manta se ha desarrollado muchísimo en los últimos años. Es una ciudad grande y bonita.

El martes tuvimos que trabajar en Montecristi; a pesar del calor que tuvimos en Manta, Montecristi estaba bastante fresco, una brisa fría nos acariciaba.

La gente en Manabí es realmente diferente al resto del Ecuador. Cuestiona mucho lo que haces, por qué lo haces, por qué no lo hiciste antes, cómo lo haces, por qué lo haces así, quién te dijo que lo hagas, si nadie dijo… por qué lo haces, cuánto cuesta lo que haces, por qué tan caro, por qué tan barato, desde cuándo lo haces, por qué no lo hiciste antes, por qué no le avisaste de primera mano, por qué lo haces en poco tiempo, por qué no cambias los parámetros… uf. Eso nos pasó en todos los lados que visitamos: Manta, Portoviejo, Montecristi, Bahía de Caráquez, Calderón. En todos. Eso fue muy molesto, a pesar de toda la ayuda que nos dieron luego de tantas preguntas y cuestionamientos.

Bahía es una ciudad que no visitaba desde hace 17 años. Ver los avances del nuevo puente fue impresionante, ver como su gente está animada con ese enorme progreso que los alienta mucho.

Portoviejo. ¿Qué puedo decir de Portoviejo? Antes me parecía una ciudad fea y muy húmeda y calurosa. Pero esta vez le vi todo su lado bueno. Caminé, en mis ratos libres, por el centro y aproveché para comprarme telas, que por cierto están BBB: Buenas, Bellas y Baratas.

Esta era la última semana del viaje. Mi compañera estaba triste porque se acababa nuestro periplo, pero la verdad es que yo ya estaba cansada. Contaba los minutos para que llegue el día en el que despegue el avión que nos regresaba a Quito. No era Manabí lo que me tenía cansada, era el viaje en si; cinco semanas fuera de mi casa no fue de mi total agrado. Fue por trabajo, si… gracias a Dios. Pero yo ya no quería saber nada.

Cuando llegué a Quito lo que hice fue correr a mi casa y dormir muy temprano. Al día siguiente, no quería salir de la cama, aunque haya sido sábado.

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Conocer Ecuador es hermoso. Descubrir sus personajes, sus leyendas, sus paisajes, su comida es una experiencia única. Entendí porqué nos quieren tanto los extranjeros, nosotros no nos damos cuenta de lo que tenemos. Sé que quiero seguir viajando, es hermoso viajar; pero por favor ya no tan largo ni por trabajo.