Las palabras como dagas, hieren a mansalva.
Las palabras como las dagas, llegan a tener doble filo.
526
Las palabras como dagas, hieren a mansalva.
Las palabras como las dagas, llegan a tener doble filo.
511
A ver si resulta.
Próximo proyecto: Brasil 2014.
Allá nos vemos, espero.
Fue un fin de semana bastante interesante. Estuve en Guayaquil disfrutando de momentos bastante familiares, comí fanesca y cangrejo como si nunca en mi vida hubiese probado tan deliciosos bocados, disfruté de la compañía de algunos miembros de la Cabina, visité a dos personas muy especiales para mi que sé se irán de este mundo más pronto que yo y de los que quiero llevarme el recuerdo de ahora, de verlos como están ahora: animados, fuertes, resignados, valientes. No quiero verlos después, no quiero repetir escenas tristes en mi mente, más adelante.
Aproveché el tiempo que estuve en casa para ordenar las cosas que definitivamente se tienen que ir conmigo: libros, cuadernos, revistas, novelas, colecciones y recuerdos…. Decidí revolver las cosas que tengo escondidas en cinco cajas medianas: Todo lo que ha sido de mi vida hace unos trece – ocho años atrás; y estoy muy impresionada de cuánto he cambiado… es decir, como mi vida ha cambiado.
Encontré cartas hermosas de esos corazones que se despiertan a inicios de la pubertad, de amores no correspondidos, cartas jamás enviadas llenas de ira que se atragantó en mi garganta, cartas confesas de corazones heridos que pedían una luz de socorro, cartas leales de amigas del colegio, palabras de aliento dentro de la universidad, letras que solo dolor podían contener y que creían que podían un día convertirse en libros de poesía. Encontré las cartas de FitoBarce… eso me hizo recordar una etapa muy linda de mi vida… y si, me gustaría retroceder el tiempo simplemente para vivir otra vez esa etapa… solo para vivirla una vez más y sentirme más viva, más querida. Sentir otra vez que más que loca enamorada, soy amiga confiable.
He sentido que me hace falta esa etapa otra vez. La he olvidado, la he dejado pasar por alto y no creo que sea justo.
Mi vida ha sido buena, con sus altos bien altos y sus bajos BIEN bajos… ha sido bastante buena. He tenido problemas serios muy parecidos a los de otras personas, pero de los cuales he querido salir con la cabeza en alto y lo he conseguido… y sé que esas cosas hacen la diferencia. Y justamente porque hacen la diferencia es que las mantengo, porque he aprendido grandes lecciones y sé que talvez voy a seguir equivocándome de aquí en adelante… pero no quiero equivocarme en lo mismo.
Han sido tres días en los que he podido reflexionar sobre muchas cosas que están ocurriendo a mi alrededor, tres días en los que he podido pensar en mis futuras decisiones. He pensado mucho.
No pretendo cambiar a nadie… pero tampoco pretendo cambiar yo.
Extraño mucho Guayaquil. Mucho. Pero mi vida está allá… allá aún no sé en dónde, porque hoy no sé si me quede en Quito, no sé si prefiera radicarme en otro lugar. Aun no sé. Solo tengo el presentimiento de que mi vida va a dar un cambio pronto, es lo que mi instinto me ha dicho este fin de semana. Y talvez sea necesario de que me involucre más en él.
No es cambiar… creo que es madurar.
(SUSPIRO)
¿De qué sirve que entregues respeto, si no lo puedes lograr en otros?
¿De qué sirve llenarte de palabras, dibujos lindos… si a la final no vas a ser más que una palabra despectiva?
A la final, ¿te sirve volver a creer?… ¿te sirve intentarlo?
Viví muchos años escuchando tus historias infinitas y geniales, como la de aquella vez que te rebelaste a tus seis años contra papá, o como cuando pedías café a tus tías haciendo todo un melodrama de la enfermedad, o como esa en la que -con siete años- te le declaraste a una chica de 20 años que supo darte un beso tibio en la boca pero solo por ternura, o esa historia en el que le jurabas amor eterno a mi madre, como la narración de como cargabas tu tanque de oxígeno a través de la casa sin hacer bulla, solo porque querías jugar con “Cachirulo” el perro que tenían tú y Leo… es confortante ver la cara iluminada de Leo cuando cuenta las cosas que ustedes vivieron juntos y triste ver su rostro quebrantarse cuando recuerda como te fue cuando sufriste de Púrpura Trombocitopenia.
Viví mucho tiempo -y vivo aun- recordándote sin conocerte, amándote sin verte, reconociendo los detalles de tu cara morena en la cara blanca que se me dibuja en el espejo por las mañanas, preguntándome cosas que seguro te preguntaría si te viera junto a mi. Mientras la gente se enoja y se pregunta como es posible que tú y yo tengamos el mismo genio, yo no dejo de sentirme más orgullosa; porque es mi manera de conocerte sin tener un solo recuerdo tuyo.
¿Tendrías hijos ahora?, ¿Estarías casado?, ¿Serías el enamorado eterno de mi madre, como jurabas?, ¿Serías mi amigo, más que mi hermano?, ¿Me habrías regalado los abrazos que yo te hubiera pedido?, ¿Qué dirías de lo que estoy viviendo ahora?, … ¿seguirías enfermo?…
Hoy cumplirías 39 años. Treinta y nueve. Te diría lo que pensé esta mañana mientras el agua tibia caía sobre mi cuerpo en la ducha: “Vejete”. Jaja… si, te diría vejete como le dijiste a nuestro abuelo alguna vez. He despertado feliz esta mañana, muy feliz, porque en fechas como estas -a diferencia de mi madre- uno no debe llorar, uno debe agradecer que el mundo te gozó durante tus cortos ocho años.
Es que a tu poca edad demostraste más fortaleza que ninguno de nosotros, que le diste dura batalla a esa enfermedad que tan solo te diagnosticó tres meses de vida pero que la callaste con siete años y medio de risas, que no te importó ser un niño cianótico al que algunos familiares ignorantes marginaban por ser un “niño de color”, que te reías de tu enfermedad y sacabas pica de ella porque por eso conociste muchos países buscando un remedio que te permita aferrarte a la vida… TODO fue adverso para ti, pero rompiste muchas reglas, muchos esquemas y tan pequeño te enfrentaste al mundo médico.
Mi segundo nombre no es de mi devoción, pero fue puesto a nombre de tu salud, a nombre de quien, en momentos de muerte, te cuidó y se te sacó de ese estado. Mi segundo nombre me gusta por eso, porque sé que en parte es gracias a ti que me lo pusieron. Me hubiera gustado mucho conocerte, me hubiera gustado mucho poder hacer efectivos todos esos sueños que a lo largo de mi vida he tenido contigo y quisiera, el día de hoy, poder llamarte y saludarte por tu cumpleaños, hacerte bromas por tu edad y hasta viajar a Guayaquil para poder pasar el fin de semana contigo.
Si luego de la muerte, aun puedes celebrar el día en que naciste… pues espero que te diviertas bailando como siempre querías. Que pases feliz, hermano mío, que pases más feliz que siempre.
En realidad la conversación se inició con el tema de la homsexualidad y el lesbianismo. En la sala había un par de homofóbicos que respondieron muy a su manera a la pregunta que nos hiciera un amigo sobre ¿qué habría de malo al compartir un departamento con un gay o lesbiana? Y bueno, un tema llevó al otro y terminamos hablando sobre lo que define a un hombre, a una mujer, a un gay, a una lesbiana; obviamente mucho más allá del sexo o la tendencia sexual.
Ahora entonces me pregunto yo, ¿qué define realmente a una mujer?
Una mujer se define en la tibieza de su piel,
en el trabajo que albergan sus manos,
en cuanto puede entenderse a ella misma.
En la coqueta mirada que tiene para dar una respuesta,
en la maternal mirada que tiene cuando ve a un niño,
en cuanto asume la edad que tiene y deja de temerle a la vejez.
Una mujer se define en el rubor de sus mejillas cuando recibe un piropo,
en la fuerza con la que lucha por sus ideales,
en la forma que defiende lo que quiere,
en la sutileza que tiene para decirte que estás haciendo mal,
en la manera en la que hace que todo sea más bonito.
Una mujer se define cuando decide volver a comenzar,
cuando el hastío le parece una pérdida de tiempo,
cuando mide sus propios pasos hacia otra persona.
Una mujer es mujer cuando entrega pasión entre las sábanas,
cuando un desayuno suyo es más que una cita,
cuando sus brazos se hacen almohada para ti.
Es mujer cuando se siente mujer,
cuando sonríe… así no haya razón para sonreír,
¿Qué define a una mujer, señores?
La gente tiene diversas formas de reaccionar a los problemas, no todos los afrontamos de la misma forma y eso no no hace anormales. A veces hemos vivido las mismas situaciones, los mismos traumas, los mismos desgastes sicológicos; pero cada uno enfrenta su realidad como quiere enfrentarla. Todo tiene solución en esta vida, la muerte es solo un paso más. Lo que a unos ha debilitado a otros los ha endurecido; gente de la misma edad, de la misma condición social, vecinas… pero personas diferentes.
Hay momentos de la vida en los que sufrimos mucho sin darnos cuenta de que ese sufrimiento es innecesario y desgastante, que acaba de a poco con todo lo hermoso que tenemos; es innecesario cuando proviene de algo/alguien que -si lo miras objetivamente- no vale la pena. Sufrir por un miserable al que le diste muchas cosas lindas y sin medida; y así, sin medida, atropelló tus sentimientos… es simplemente estúpido de tu parte. Un hombre que se compara con Spiderman y que a su edad no sabe lo que quiere, no le hace bien a ninguna mujer. Tú no eres la excepción.
Es imprescindible comprender que el sufrimiento innecesario es necesario para poder pasar la “prueba de fuego”. Las cosas no te llegan de alivio, como seres humanos necesitamos una preparación previa para que las cosas buenas que nos corresponden lleguen a nosotros y comprendamos la bendición que esto significa. (estas palabras tuyas me llegaron muy a fondo… tú: gracias)
La vida ni da vueltas, ni le das vueltas a la vida. Se presenta tal como es y se supone que tú debes ser tal como eres para afrontarla. No podemos tratar que la vida sea como nosotros queramos que sea, la vida… tiene vida propia, como tú, como yo. Cambia cada minuto, cada segundo, cada nanosegundo… y aunque pongas todas tus fuerzas en lograrlo, jamás vas a poder saber que ocurrirá luego.
Cuando más triste estás, más se llena de bebés este mundo. Y eso te consuela mucho.
No puedes huir de las cosas. No puedes. Debes buscar la fuerza para enfrentar las cosas que se te vienen encima. Al toro, por los cuernos.
Los amigos son los mejores regalos que puedes encontrar en la vida. Pero, ojo, debes tener muy presente que tú eliges a tus amigos, no son ellos quienes eligen tu amistad. Si un amigo se separa de ti y no regresa… jamás hubo verdadera amistad. Y si tú lo eliges y él te elige… pues dale, son esas amistades que duran siempre, que a pesar de tu terquedad y necedad siempre van a estar ahí. Aun cuando sea para decir “Te lo dije”… pero no te abuses de eso. Es feo dar y dar consejos y no ser escuchado nunca. No hagas que otros hablen innecesariamente.
El cabello lacio, si es que te gusta, te sienta bien. Y si crees que te sienta bien, ilumina tu cara. Y si ilumina tu cara, ya no tienes una razón para sonreirle a este mundo.