El viaje en avión fue tranquilo, a pesar de los malos comentarios que tuvimos por parte de mucha gente. Nos recibió allá una buena amiga del colegio que vive en esa ciudad desde hace muchos años, llegamos en la noche; así que, lo justo y necesario era tomar un café y descansar, puesto que al día siguiente nos esperaba una larga jornada.
El martes, temprano, nos fuimos a la DPC. Conocimos a un grupo de trabajo super interesante, aunque lo nuestro era trabajar ellos trataron siempre de hacernos de guías turísticos para que nos llevemos un grato recuerdo de la ciudad. En los ratos libres íbamos a conocer ciertos lugares míticos de Cuenca. Hermoso.
Cuenca estaba celebrando Corpus Christi para esa época, tenía en el centro unas pequeñas tienditas levantadas para la venta de los dulces de Corpus. Simplemente deliciosos.
En Turi, la vista de la ciudad es impresionante, hermosa y cálida.
Al día siguiente nos trasladamos a El Tambo. Un lugar cercano a los baños del Inca y donde la EFE tiene un circuito turístico hasta Coyoctor.
Al terminar nuestro recorrido allí, decidimos darnos una vuelta por El Cajas. Ese es el lugar más frío que conozco de Ecuador, qué bárbaro!!. Frío y Hermoso… hermoso. Se dice que por ahí se movilizó García Moreno; y, también se comenta que los caminantes, los senderistas deben rezar y dejar una piedra en un lugar específico en honor de las personas que allí fallecieron para que les sirva de protección.
Al día siguiente, luego de nuestro día de trabajo, nos escapamos hacia Ingapirca. Era la primera vez en mi vida que pisaba ese lugar y espero poder regresar algún momento. Hay muchos secretos ahí guardados y parece mentira todo lo que los guías te explican. El lugar es lindo. Ya para esto, se nos acabó el miércoles.
Y vino el jueves… fue el día que más carga de trabajo tuvo, visitamos muchas escuelas, muchos colegios. Yo estaba cansada, pero muy contenta de estar ahí. De tratar con gente muy linda, muy agradable y amable. Al final del día la dueña de la casa en la que estábamos nos llevó a un bar, no podíamos irnos de Cuenca sin conocer su lado farrero y así, con maquillaje en la cara, el cabello suelto, estrenando zapatos nuevos nos fuimos a La Parola a ver un espectáculo en vivo muy agradable, a comer una picaditas muy ricas y a beber como nunca en la vida. Ese día, tuve una de esas borracheras memorables. ME MO RA BLE.
Y el viernes, con el alma en el piso, con la barriga destrozada, pidiendo perdón por el karma que llevaba, con un dolor de cabeza magistral, viendo como el mundo daba vueltas cual carrusel a 100 km x h y vomitando como nunca antes en mi vida, me vine a Quito. Un vuelo F A T A L.
De todo lo hermoso que pasé lo único feo fue esa farra. Prometo no volver a medirme con un cuencano a la hora de ingerir alcohol.