12h00 Mi celular recibe tres llamadas a las cuales no contesto por encontrarme en una
reunión de trabajo.
13h25 Mi madre me llama. Me han llamado a la casa. Me da números y nombres.
13h30 Voy a la cabina más cercana y en el trayecto recibo una llamada que me congela.
Me explican de qué se trata. Doy datos, detalles… algo no cuadra =S.
14h00 Hago lo posible para maximizar los beneficios de la propuesta. Hasta ahí todo
resulta, es manejable la situación.
14h30 Me contacto otra vez. Primer dardo disparado. Van a evaluar los tiempos. ¿y yo?
Pues me quedo en stand-by. Con una ansiedad que rápidamente me empieza a
consumir.
No había experimentado esta sensación de ansiedad desde hace siete años, para ser exacta. Mi corazón está latiendo muy fuerte, las manos se me entumecen y se ponen frías, mi respiración ha perdido ritmo, no puedo concentrarme, mi expresión es de preocupación y siento cuatro nudos en mi estómago. No quiero que nadie me dirija la palabra. Quisiera estallar en llanto o gritar de felicidad. Tengo hambre, pero si como creo que mi estomágo devolverá todo tal cual. Tengo hambre, pero no quiero comer.
Necesito en este preciso instante de mi mar, de mi playa, de mi arena y de mis estrellas.
No puedo hablar con nadie, solo con mi madre. Y a ella no le puedo dar los detalles que quisiera contarle a alguien. Y esto, me asfixia, me da ganas de gritar, me hace escribir sin detenerme.. porque trato de buscar un poco de paz a través de esto: el blogueo. Pero justamente el bloguear lo que me lleva a pensar.
¡Ay! no doy más. ¡Por favor una cama, para el lunes despertar!