Este post debió ser publicado el día 11 de octubre. Por motivos de tiempo y de conexión a internet no pude hacerlo.
Gato, va desde la nueva laptop =D
Bueno, ahora sí. Desde ahora, los escritos publicados en esta página saldrán desde la Capital de la República del Ecuador. Ya estoy instalada en mi nuevo trabajo, con laptop propia (como regalo de graduación por parte de mis tíos emigrantes), con oficina propia, y con una serie de cosas propias. Ahora si, a luchar por el sueño de Alfaro.
La idea de vivir en una ciudad fría siempre estuvo en mi mente, como meta, como sueño… que sé yo. Siempre estuvo. Quienes me conocen lo saben. Y bueno, cuando la oportunidad se me presentó, aunque no lo crean, dije que no en primera instancia… pero dado que esta oportunidad me dio vueltas… pues bueno, llegué a Quito a cumplir con la famosa entrevista. Aun está en mi mente el momento en el que me dijeron: “Listo, usted empieza mañana”… aun lo pienso y siento como mi corazón se me desboca de nuevo. Al salir de la entrevista una nueva compañera de trabajo tuvo la amabilidad de dejarme “cerca” de la casa de mi tía. Tuve que coger un taxi desde la Av. 10 de Agosto y Naciones Unidas, eran las nueve de la noche y esa intersección estaba desierta. Sentí miedo, sentí pánico, sentí como la ansiedad le ganaba a todos los puntos impensables en mi cuerpo… cuando subí al taxi, entre sollozos di la dirección de destino al chofer y lloré en silencio. Quisiera tratar de explicarles cuáles fueron mis pensamientos en ese momento… me creí un ser muy muy pequeño inmerso en una enorme y muy diferente ciudad. Mi mente me jugó al futuro y pude verme… sola. Esa noche “debía” quedarme en Quito… pero mi cobardía pudo más y tuve que regresar en Guayaquil, llegar a las faldas de mi madre, a preguntarme junto a ella si estaba bien este paso que estaba tomando. Era miedo, si… pero les juro que a la vez no lo era. Talvez era el hecho de saber que mi sueño me había llegado, de golpe y porrazo, sin darme tiempo de alistarme.
Hice lo que siempre hago ante estas situaciones… lloré hasta que se me acabaron las lágrimas y no me da vergüenza decírselos… estaba asustada.
Ese mismo sentimiento fue el que me dio fuerzas. Lloré lo que debía llorar, hablé lo que y con quienes debía hablar y ahora estoy aquí. No sé si más fuerte que nunca, pero si lista para vivir muchas nuevas experiencias, que de seguro serán muy enriquecedoras.
Por el momento vivo con mi familia paterna, por el momento. Porque pretendo tener mi propio lugar y espacio, y eso lo quiero hacer porque me he planteado retos, como persona y como profesional.
Nadie puede decirme que ocurrirá mañana, Ni siquiera yo misma. Pero estoy aquí, frente a este presente, trabajándolo para lograr mejores días, para mi y para mi madre,
Había descuidado mucho este espacio, por muchas razones. Espero ponerlos al día con el pasar del tiempo, ténganme un poquitito de paciencia, nada más.