Ya lo sé. Es prematuro decirlo, ya lo sé, pero me va a costar un poco acostumbrarme a vivir en este medio.
Tengo un desayuno impersonal, servido por otra persona… si claro, es chévere los primeros días, pero se me pone aburrido tener que tomar el café como la gente normal, no poder mojar mi pan en la leche, no poder cruzar las piernas sobre la silla mientras como mis huevos revueltos con migas de pan.
Tengo un almuerzo impersonal, en un restaurante, donde me da vergüenza tener que dejar la sopa que me han servido, solo porque no estoy acostumbrada a tomar sopa. Donde me ponen yuca en el plato fuerte, casi todos los días.
Tengo una plancha que uso sobre la cama. Una refri que tiene solo agua y frutas adentro, no vaya a ser que deje algo que luego me haga daño.
Me baño en un baño que es mío, porque lo pago, pero no es mío en realidad, donde el shampoo, el rinse y el jabón deben permanecer en el suelo porque no hay una jabonera siquiera.
Me quedo en un trabajo hasta las seis o más de la tarde, solo porque sé que si llego temprano al hotel voy a volverme loca porque mi conversación será solo con el televisor. O con los zapatos que están dentro del bolso.
Macas es pequeño, he salido algunas veces a caminarlo. Ya me sé donde está el Rincón Manabita y la panadería de panes ricos. Ya sé donde hacen los batidos y donde venden las frutas… pero no me place caminarlo más. Porque cuando camino me hundo en mis pensamientos y no quiero pensar.
Me molesta que se me rompa la voz cuando oigo a mi madre. Me molesta tener que extrañar a la gente que quiero y que quisiera que esté aquí conmigo… y sentirme sola porque tienen un horario normal y a las cinco y algo que intento conversar con calma con ellos, pues deben irse a su casa, a hacer las cosas normales que hacemos luego de salir del trabajo.
Esto es un reto, es un reto importante para mi carrera profesional. Es un reto para mi vida personal… pero me está costando mucho. Yo sé, yo sé que me dirán que es prematuro decir estas cosas… pero por lo menos hoy, me siento decaída.