-Solo mira hacia la piedra. No mires hacia abajo, lo vas a lograr.
-Edwin, no voy a poder. Tengo miedo. No tengo punto de apoyo!!!
-Lo harás, vence el miedo hoy, es una prueba. Solo desciende como lo has hecho en las anteriores. Yo tengo la otra cuerda y te ayudo a bajar. Si acaso te ocurre algo y te sueltas, no caerás porque yo te estoy bajando. Ok?
Lo miré fijamente, le pasé la cuerda, respiré profundamente e inicié el descenso por la cascada de 45 (?) metros. Cuando bajaba me quedé sin piedras y me dio mucho temor pensar que podía golpearme en la cara. Le grité a Edwin: -Ya no hay piedras!! a dónde piso?!! y él, se dejó escuchar con un: -Tú, solo baja.
Así me encontré de frente con la cascada. Imponente, espectacular, fría, hermosa. Y yo era pequeñita, pequeñita y miedosa frente a tanta belleza. La soga, por efectos de física, me puso de espaldas a la cascada. Abajo, a unos 30 metros de mi, estaban mis compañeros de viaje dándome ánimos. Yo grité, pero más que de miedo, grité por la sensación que ese momento invadía mi cuerpo. Era genial. No puedo decir que me sentí dominar el mundo… me sentí parte de esta hermosa creación, me sentí agradecida por la oportunidad de disfrutarla vida como lo estaba haciendo.
…….
Fue un viaje impactante, lindo, mágico. Estuve con conocidos y desconocidos y todos supimos manejar nuestras emociones de forma en la que todos nuestros pensamientos y todas nuestras actitudes cuadraran a lo bien. Pasamos muy bien, nos reimos a montones, nos renovamos por dentro y por fuera. Ojalá tengamos oportunidad de vivir una experiencia parecida.
……
Pero hubo algo especial. De todo ese fantástico viaje, muy a mi manera pude compartir con alguien algo que considero de mucho respeto.
Siempre pensé (y digo pensé, porque ya no es una de las cosas que me he propuesto) en que sería genial que alguien se interesara en el lugar en el que mi papá está enterrado, durante diez años esperé que alguien especial para mi me dijera en algún momento: -Quiero conocer ese lugar. Según yo, esta escena sería una hermosa advertencia de que estaba frente a alguien que realmente quería conocer todo de mi y que estaba dispuesto a pasar el resto de sus días conmigo. Hoy ya no es así, porque he dejado de creer en muchas cosas, porque no puedo poner todas mis esperanzas en ese lugar, porque ya no estoy segura de querer encontrar a ese alguien especial. Sin embargo, me pareció estar viviendo esa historia, pero desde otro ángulo en este viaje.
Saber que podía alguien compartir conmigo algo como eso, pues me llenó de mucho orgullo y sobretodo de respeto; respeto a los recuerdos, respeto a las experiencias, respeto a la tristeza, respeto a la fortaleza. Y es posible que solo ese alguien comprenda lo que aquí escribo… Gracias por haberme permitido estar ahí a consciencia plena de que estaba ahí, gracias por haberme dejado apoyarte en ese momento…. gracias por tan solo compartirlo conmigo.