Fue un fin de semana bastante interesante. Estuve en Guayaquil disfrutando de momentos bastante familiares, comí fanesca y cangrejo como si nunca en mi vida hubiese probado tan deliciosos bocados, disfruté de la compañía de algunos miembros de la Cabina, visité a dos personas muy especiales para mi que sé se irán de este mundo más pronto que yo y de los que quiero llevarme el recuerdo de ahora, de verlos como están ahora: animados, fuertes, resignados, valientes. No quiero verlos después, no quiero repetir escenas tristes en mi mente, más adelante.
Aproveché el tiempo que estuve en casa para ordenar las cosas que definitivamente se tienen que ir conmigo: libros, cuadernos, revistas, novelas, colecciones y recuerdos…. Decidí revolver las cosas que tengo escondidas en cinco cajas medianas: Todo lo que ha sido de mi vida hace unos trece – ocho años atrás; y estoy muy impresionada de cuánto he cambiado… es decir, como mi vida ha cambiado.
Encontré cartas hermosas de esos corazones que se despiertan a inicios de la pubertad, de amores no correspondidos, cartas jamás enviadas llenas de ira que se atragantó en mi garganta, cartas confesas de corazones heridos que pedían una luz de socorro, cartas leales de amigas del colegio, palabras de aliento dentro de la universidad, letras que solo dolor podían contener y que creían que podían un día convertirse en libros de poesía. Encontré las cartas de FitoBarce… eso me hizo recordar una etapa muy linda de mi vida… y si, me gustaría retroceder el tiempo simplemente para vivir otra vez esa etapa… solo para vivirla una vez más y sentirme más viva, más querida. Sentir otra vez que más que loca enamorada, soy amiga confiable.
He sentido que me hace falta esa etapa otra vez. La he olvidado, la he dejado pasar por alto y no creo que sea justo.
Mi vida ha sido buena, con sus altos bien altos y sus bajos BIEN bajos… ha sido bastante buena. He tenido problemas serios muy parecidos a los de otras personas, pero de los cuales he querido salir con la cabeza en alto y lo he conseguido… y sé que esas cosas hacen la diferencia. Y justamente porque hacen la diferencia es que las mantengo, porque he aprendido grandes lecciones y sé que talvez voy a seguir equivocándome de aquí en adelante… pero no quiero equivocarme en lo mismo.
Han sido tres días en los que he podido reflexionar sobre muchas cosas que están ocurriendo a mi alrededor, tres días en los que he podido pensar en mis futuras decisiones. He pensado mucho.
No pretendo cambiar a nadie… pero tampoco pretendo cambiar yo.
Extraño mucho Guayaquil. Mucho. Pero mi vida está allá… allá aún no sé en dónde, porque hoy no sé si me quede en Quito, no sé si prefiera radicarme en otro lugar. Aun no sé. Solo tengo el presentimiento de que mi vida va a dar un cambio pronto, es lo que mi instinto me ha dicho este fin de semana. Y talvez sea necesario de que me involucre más en él.
No es cambiar… creo que es madurar.
(SUSPIRO)