Evito los problemas y las confrontaciones. Las evito, evito las mías mejor dicho.
No soy buena para discutir.
O bien me pongo a tartamudear y hago más bien que la otra persona se ría y yo me río y así todo se va al carajo.
O bien, dependiendo de lo que estoy discutiendo, lloro de la rabia… me pongo tan roja que me da la impresión de que la otra persona deja de discutir por lástima de mis lágrimas cuando en realidad mis lágrimas son la máxima expresión de mi enojo.
O bien, COMO HOY, pierdo los cabales y levanto la voz y me pongo a temblar por la injusticia que se está cometiendo… quienes me han visto discutir así, dicen que me vuelvo irreconocible. Cuando me tratan como imbécil utilizando argumentos de niños de escuela o cuando tratan de meterse con mi familia diciéndome que piense en “si a tu madre le pasara esto” o “tú eres guayaquileña, debes comprender” o “si tú tuvieras este lío, ojalá alguien te de la mano” Cuando me dicen esas cosas me hacen generar tanta adrenalina de coraje que es evidente que empiezo a temblar, la presión se me sube y también genero argumentos que no se pueden debatir porque cuando discuto lo hago porque sé que tengo la razón… si no la tengo ni me desgasto en mis iras.
¡NO MIERDA! Si fuese mi madre la habría asesorado, hasta legalmente; le huebiere hecho ver que se metió con la gente menos indicada para confiar y que no debe hacer lo que la masa gris podrida de su cabeza le indica. Si fuera yo… no, es que no voy a ser yo porque esas realidades están fuera de mis pensamientos. Y nada tiene que ver con que sea guayaquileña, esmeraldeña, machaleña, guamoteña, guayambita, sucumbeña ( o como demonios se diga), pistishisense (o como demonios se diga)… NO TIENE NADA QUE VER. Si deseas algo de mi, hay formas muy educadas de pedírmelo. Muchas hasta sin decir “por favor”. Pero que me vengan a amenazar, a advertir, a retar… que se vayan al carajo. Me da rabia.
Y esta es la forma en la que menos me gusta discutir… porque cuando pasa la adrenalina, mi cuerpo llega a un estado de desgaste impresionantemente depresivo. Lloro porque no suelo ser así, porque no me gusta que me saquen ese lado histérico. Y me cuesta concentrarme en lo que estaba haciendo pensando que talvez fui muy dura con la persona con la que discutía.
Mierda. Odio discutir de esta forma. Lo odio. Me enoja enojarme así.
Si me enojo, déjenme irme. Déjenme salir tranquilita por la puerta y no me detengan. Como “cemento” solita hasta que se me pase y pueda -con cabeza clara- conversar del problema en cuestión para encontrarle una solución. Pero no me agarren del brazo ni me miren con cara de perro apaleado ni me traten con cariñitos porque me pone peor.
Soy muy expresiva y si estoy enojada por algo, créanlo… se me notará en la cara. No pregunten, déjenme en paz, hasta que digiera las cosas y pueda CON VER SAR… no discutir.
changos! ya me estoy sintiendo mal y ya me empieza a doler la cabeza.