Diez años sin probar su delicioso sabor. Diez años muriendo de la envidia cada vez que mencionaban su nombre. Envidia porque yo -producto de una alergia que tengo (vaya a saber usted por qué)- no puedo comerlo. Diez años recordando como casi muero por asfixia la última vez que lo comí. Muriendo de coraje cada vez que alguien -que si puede comerlo con tranquilidad- decía frescamente: “No me gusta” ¡Claro que me daba coraje! YO adicta a su sabor no podía ¡No podía!
El asunto es que el viernes los blogueros fuimos convocados a una reunión en el Ochipinti para celebrar la resurrección de Ecuablogs. En primera instancia fuimos llamados para reunirnos en el Ochipinti que queda casi casi en la esquina de Los Ríos y Pedro Pablo Gómez, los primeros en llegar fuimos Efecto Drago y yo.. así que analizamos la situación y el nivel de hambre y Efecto decidió que mejor era irnos para el otro local del Ochinpinti ubicado una cuadra antes: Los Ríos y Alcedo.
Yo decidí ir a esa reunión con la convicción de pasar un sano y ameno momento con mis amigos blogueros ya que, como les mencioné antes, sufro de una alergia a los mariscos. Pero como yo misma me hago trampa, por si las moscas enfundé en mi carterita de mano tres pastillas de antihistamínicos. Todo, por si las moscas.
Ya en el lugar, como lo había previsto, mandé al diablo a la alergia, al gimnasio y a la dieta. No resistí ver a Efecto y a Doménica (una amiga en común) comiendo con tanto gusto tan delicioso fruto del manglar.
Así que, “Señor mesero: Tablita y martillo, ¡por favor!”.
Primero me tomé dos pastillas acompañadas de una gaseosa, esperé diez minutos y luego… el resto es historia.
No recuerdo haber comido con tanto gusto últimamente. Los cangrejos criollos del Ochipinti tienen el sabor único de la cerveza y el comino en buenas cantidades. La salsa que los acompaña es rica, medio picantona para mi gusto, pero vale la pena comérsela, además porque viene un trocito no despreciable de maduro cocinado.El lugar no es de los más decentes que he conocido, tiene un aire tipo cantina de barrio… pero sin borrachos. Alguien me dijo: es un tugurio. Y la verdad no pude contradecirla.
A mi siempre me gustaron los cangrejos así. Romperles el carapacho y las patitas para poder sacar su rica carme te da una sensación indescriptible, te vuelve un experto en menos de un cangrejo. Claro, hay ciertos vagos que prefirieron irse por lo más fácil pero no menos suculento: Arroz con Cangrejos. El porte del plato y el sabor, indudablemente valen la pena.
No pude consumir la deliciosa Pilsener que acompañó los cangrejos de los demás, me tuve que conformar con la gaseosita nada más, porque no podía abusar de mi suerte, definitivamente. Así tuve el placer de comerme unos 4 cangrejos aproximadamente, labor que se vio truncada cuando casi al terminar el último cangrejo me puse roja y empecé a toser disimuladamente y hacer un poquito de esfuerzo al respirar. ¡Pare de comer, pare de sufrir!. Rossy se tuvo que quedar calladita frente a las bromas de Eduardo. Por mi propia salud, creo que era lo mejor que podía hacer en ese momento.
No me pasó nada grave ni nada fuera de lo normal, llegué a casa bien, no tuve más problemas, me dormí con una sonrisa dibujada en la boca por el festín que había tenido. Eso si que fue vida.
Fer, gracias por tremenda invitación!!!!